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Mostrando entradas de diciembre, 2016

Un frío viaje a Praga (IV)

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Si estoy escribiendo "por capítulos" mi frío viaje a Praga, tengo que detenerme en el Reloj Astronómico que luce con orgullo esta ciudad. Con más de 600 años, es el más antiguo de este estilo en Europa.  Cuando el reloj va a marcar una hora en punto un montón de gente se agolpa frente a sus coloridas esferas para ver esta maravillosa joya. La historia de este reloj comienza con Hanus Ruze que tras recibir numerosas alabanzas por parte de muchas autoridades centroeuropeas fue  dejado ciego para que no pudiera repetir su obra en ningún otro sitio. 
Subiendo por unas estrechas escaleras, cuyo tráfico lo regula un peculiar semáforo, se asciende a lo alto de la torre donde pude saborear una postal en panorámico de la ciudad (arriesgándome a que un turista japonés me sacara un ojo con su palo de selfie).  Y hablando de postales, entre chocolate y chocolate envío unas cuantas. Este reloj está custodiado por cuatro figuras que representan la vanidad, la avaricia, la muerte y la lujuria.…

Un frío viaje a Praga (III)

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Un frío viaje a Praga que exige una parada en Dresde, Alemania. No conocía mucho sobre esta ciudad, solamente que al final de la II Guerra Mundial las fuerzas aéreas de los Estados Unidos bombardearon durante cuatro días la capital sajona, hay quien dice que por venganza.
Al llegar a la estación de Dresde (Dresden Hauptbahnhof) tuve la impresión de que, como en Berlín, todos los edificios iban a ser de un antiguo artificial, pero no. Tras 15 minutos caminando por una avenida comercial llegué a un mundo de cuentos junto al Elba. No exagero si digo que es el lugar que más me ha impresionado hasta ahora.
A pesar de que a finales del siglo XVII la ciudad quedó destruida por un gran incendio, se nota que fue una de las más importantes del Sacro Imperio Romano Germánico. Entre sus calles se escucha la Oda a la Alegría de Schillerd, bandas recordando el otoño de Vivaldi o a un chico al piano en un pequeño escenario improvisado en la plaza Neumarkt.
Desde las escaleras de Schlossplatz contemplo …

Un frío viaje a Praga (II)

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Después de dormir más de 8 horas seguidas cualquier reto que me pudiera proponer LonelyPlanet me habría parecido poco. Bien temprano puse rumbo al Castillo de Praga siguiendo una marea de gente que se detenía obediente frente a las casetas de seguridad. 
El origen de este edificio se remonta al siglo IX cuando se estableció allí  la residencia del Rey de Presmyslida (dinastía checa que reinó en Boehemia y Polonia). Durante los siglos X y XI esta fortificación fue creciendoy se vio reforzada con torres. Pero sin lugar a duda, el proyecto más ambicioso comenzó en el siglo XIV durante el reinado de Carlos IV quien ordenó la construcción de la Catedral de San Vito. 

Desde cualquiera de sus puertas, en cada esquina, con cada columna, podía disfrutar de la majestuosidad del templo, con vidrieras coloridas y estrechos pasos para contemplar latumba de Wencesalao IV, el rey bueno. 

Un frío viaje a Praga (I)

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Estos días le he dado descanso al blog porque no tenía nada sobre lo que escribir y porque en estas fechas me sumerjo en una amargura a la que casi estoy acostumbrada. Pero ahora que he vuelto de un frío viaje, me apetece contaros lo que he estado haciendo estos últimos días.
No me gusta la Navidad, hace años que no la disfruto y cuando comencé a hacerlo fue peor tener que volver a odiarla. Por eso, cuando vi en mi cartelera unos días libres, pensé: "podría coger el coche e irme a un sitio interesante, para pensar, relajarme..." y terminé cogiendo un avión a Praga. 
En Zaragoza me esperaba un pajarillo para llevarme a Barcelona a casi 300 km/h. Hasta El Pilar en coche, con excursión incluida y entre pensamiento y pensamiento una parada en Berdún y en Ansó. Y una fotografía increíble. Mi primera aventura en tierras checas, de chiste: Un hombre esperándome desnudo en mi habitación. Pero si las clases de inglés fueron bien, en la "four-two-six" no tendría que haber encon…

Lo que la niebla escondía, Estella

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Un txirimiri envuelto de nieblas acompaña mi viaje por Estella la bella, que camino a Santiago me ofrece calles repletas de iglesias, conventos y palacios. Me protege del viento un nuevo pañuelo de medio siglo de cuadros y unas colinas: Montejurra, Santa Bárbara o Cruz de los Castillos, de ahí que se diga que "no se ve Estella hasta llegar a ella". 
La Plaza de los Fueros hoy con olor a queso y sabor a chocolate me obligan a probar la rocas de una tal Puy. Si sigo una vieira llego a palacios de humanos y divinos como el de los Reyes Navarros que mira como yo la Iglesia de San Pedro de la Rúa, arriba, vigilante, queriendo mostrar sus campanas. Y para el descanso y reflexión un claustro del siglo XII con unas columnas entrelazadas envidiadas por las demás. 
A la Iglesia del Santo Sepulcro, la que si buscas encuentras, no puedo acceder muy a pesar. Su puerta gótica del siglo XIV anticipa lo que en el interior tiene que fascinar. Me conformo con la bendición de San Martín de Tours…