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Mostrando entradas de 2016

Un frío viaje a Praga (IV)

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Si estoy escribiendo "por capítulos" mi frío viaje a Praga, tengo que detenerme en el Reloj Astronómico que luce con orgullo esta ciudad. Con más de 600 años, es el más antiguo de este estilo en Europa.  Cuando el reloj va a marcar una hora en punto un montón de gente se agolpa frente a sus coloridas esferas para ver esta maravillosa joya. La historia de este reloj comienza con Hanus Ruze que tras recibir numerosas alabanzas por parte de muchas autoridades centroeuropeas fue  dejado ciego para que no pudiera repetir su obra en ningún otro sitio. 
Subiendo por unas estrechas escaleras, cuyo tráfico lo regula un peculiar semáforo, se asciende a lo alto de la torre donde pude saborear una postal en panorámico de la ciudad (arriesgándome a que un turista japonés me sacara un ojo con su palo de selfie).  Y hablando de postales, entre chocolate y chocolate envío unas cuantas. Este reloj está custodiado por cuatro figuras que representan la vanidad, la avaricia, la muerte y la lujuria.…

Un frío viaje a Praga (III)

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Un frío viaje a Praga que exige una parada en Dresde, Alemania. No conocía mucho sobre esta ciudad, solamente que al final de la II Guerra Mundial las fuerzas aéreas de los Estados Unidos bombardearon durante cuatro días la capital sajona, hay quien dice que por venganza.
Al llegar a la estación de Dresde (Dresden Hauptbahnhof) tuve la impresión de que, como en Berlín, todos los edificios iban a ser de un antiguo artificial, pero no. Tras 15 minutos caminando por una avenida comercial llegué a un mundo de cuentos junto al Elba. No exagero si digo que es el lugar que más me ha impresionado hasta ahora.
A pesar de que a finales del siglo XVII la ciudad quedó destruida por un gran incendio, se nota que fue una de las más importantes del Sacro Imperio Romano Germánico. Entre sus calles se escucha la Oda a la Alegría de Schillerd, bandas recordando el otoño de Vivaldi o a un chico al piano en un pequeño escenario improvisado en la plaza Neumarkt.
Desde las escaleras de Schlossplatz contemplo …

Un frío viaje a Praga (II)

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Después de dormir más de 8 horas seguidas cualquier reto que me pudiera proponer LonelyPlanet me habría parecido poco. Bien temprano puse rumbo al Castillo de Praga siguiendo una marea de gente que se detenía obediente frente a las casetas de seguridad. 
El origen de este edificio se remonta al siglo IX cuando se estableció allí  la residencia del Rey de Presmyslida (dinastía checa que reinó en Boehemia y Polonia). Durante los siglos X y XI esta fortificación fue creciendoy se vio reforzada con torres. Pero sin lugar a duda, el proyecto más ambicioso comenzó en el siglo XIV durante el reinado de Carlos IV quien ordenó la construcción de la Catedral de San Vito. 

Desde cualquiera de sus puertas, en cada esquina, con cada columna, podía disfrutar de la majestuosidad del templo, con vidrieras coloridas y estrechos pasos para contemplar latumba de Wencesalao IV, el rey bueno. 

Un frío viaje a Praga (I)

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Estos días le he dado descanso al blog porque no tenía nada sobre lo que escribir y porque en estas fechas me sumerjo en una amargura a la que casi estoy acostumbrada. Pero ahora que he vuelto de un frío viaje, me apetece contaros lo que he estado haciendo estos últimos días.
No me gusta la Navidad, hace años que no la disfruto y cuando comencé a hacerlo fue peor tener que volver a odiarla. Por eso, cuando vi en mi cartelera unos días libres, pensé: "podría coger el coche e irme a un sitio interesante, para pensar, relajarme..." y terminé cogiendo un avión a Praga. 
En Zaragoza me esperaba un pajarillo para llevarme a Barcelona a casi 300 km/h. Hasta El Pilar en coche, con excursión incluida y entre pensamiento y pensamiento una parada en Berdún y en Ansó. Y una fotografía increíble. Mi primera aventura en tierras checas, de chiste: Un hombre esperándome desnudo en mi habitación. Pero si las clases de inglés fueron bien, en la "four-two-six" no tendría que haber encon…

Lo que la niebla escondía, Estella

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Un txirimiri envuelto de nieblas acompaña mi viaje por Estella la bella, que camino a Santiago me ofrece calles repletas de iglesias, conventos y palacios. Me protege del viento un nuevo pañuelo de medio siglo de cuadros y unas colinas: Montejurra, Santa Bárbara o Cruz de los Castillos, de ahí que se diga que "no se ve Estella hasta llegar a ella". 
La Plaza de los Fueros hoy con olor a queso y sabor a chocolate me obligan a probar la rocas de una tal Puy. Si sigo una vieira llego a palacios de humanos y divinos como el de los Reyes Navarros que mira como yo la Iglesia de San Pedro de la Rúa, arriba, vigilante, queriendo mostrar sus campanas. Y para el descanso y reflexión un claustro del siglo XII con unas columnas entrelazadas envidiadas por las demás. 
A la Iglesia del Santo Sepulcro, la que si buscas encuentras, no puedo acceder muy a pesar. Su puerta gótica del siglo XIV anticipa lo que en el interior tiene que fascinar. Me conformo con la bendición de San Martín de Tours…

Rompiendo esta ciudad

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Lo dijeron tus cartas, habría nuevas amistades, y no sé si fue el 7 de copas o el 6 de bastos, pero el destino se abrió paso y el pronóstico se cumplió. 
He aprendido a marchas forzadas que la soledad puede ser terapéutica cuando es elegida, pero tremendamente cruel cuando es impuesta. Esto es seguramente porque a lo de 'sentirse solo' le dotamos de un envoltorio emocional negativo pero nuestra propia sustantividad no es este agujero en el que somos capaces de zambullirnos. El hombre primitivo ya se movía en comunidad por eso cuando vamos perdiendo compañeros de juego intentamos autoconcienciarnos mediante la abstracción personal o buscar esperanza en un tercero (ese que dicen que lo puede todo). 

Mi soledad no es eso que me hace querer romper esta ciudad en mil pedazos, sino que lo he convertido en ese yo que nadie más conoce y que es impenetrable para los demás, en el que soy totalmente libre y me permito todo. Solemos entender la soledad como el estado de no estar acompañado …

Empatía, cualidad enfermera

Como enfermera me han enseñado la importancia de tener empatía hacia los pacientes, de ponerme en su lugar para poder comprender su realidad estando libre de prejuicios. Así podemos comprender su sufrimiento y hacer un abordaje terapéutico mucho más completo, manejando todas las esferas del paciente: la física, la emocional y la social. 
Yo les explico a mis pacientes por qué me río tanto e intento bromear. Porque si absorbo toda la información sobre el sufrimiento de todos ellos se produce en mí un desgaste emocional que no puedo sostener, aunque creo que eso a veces, me hace parecer despreocupada y lejana. 
En la sala de espera, cuando tú eres la paciente, observas mejor a quienes están allí, nerviosos como tú, esperando contarles al médico su malestar. Dentro te sientes tremendamente vulnerable. Una cortina te parece más bien poco para guardar tu intimidad cuando se abren puertas y pasa gente de un lado para otro.
Después las pruebas con un camisón ridículo y unas calzas para no manch…

Salamanca, la pequeña Roma

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- Aita, ¡qué bonita es Salamanca! - ¡Pero si has estado muchas veces! - Ya, pero no me acordaba bien...
Entre colinas descansa desde hace siglos una ciudad que, por su belleza, es conocida como 'La pequeña Roma'. No se puede entender la vida de esta ciudad sin universidades, ranas y catedrales. 
Me muevo revoltosa entre sus muros pensando en Unamuno, Lope de Vega o celestinas. Quizá mis abuelos pasearon por el Huerto de Calisto y Melibea y ahora soy yo quien lo hace, recordando que tras la visita a la catedral caí frente a los recuerdos: La calle Tentenecio. 

Nos contó mi abuelo su historia: "Iba San Juan de Sahaún caminando por esta calle cuando se cruzó con un toro que se había escapado del mercado de ganado envistiendo a cuantos con él se cruzaba. Entonces el santo le gritó: ¡tente, necio! y el toro paró". Obligada foto y obligado el compartirla aunque duela. 

La rana tapada por una lona. Aquí nacieron todas mis ranas, esas que ahora acompañan mis desvelos. Pero sí esta…

Defendiendo el Reyno desde Irulegi

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En la sierra de Aranguren descansan vigilantes los restos de un Castillo. Irulegi, las tres cimas. Este punto de navarra se puede ver desde Pamplona aunque no destaca con sus 893 metros de altitud.
La subida tiene un fuerte desnivel pero bien merecen la pena estos 2km por las vistas que desde allí se pueden disfrutar. Rodeada de colores naranjas y marrones el otoño adorna mis fotos y el frío de noviembre templa la subida. 
Un lugar privilegiado con vistas de 360º y así se comprende por qué ese lugar fue el elegido para construir un castillo que protegía el Reyno de Navarra.
En el camino aprendo, y los carteles cuentan que probablemente la primera vez que este castillo fue destruido fue en el siglo X a manos de las tropas de Abd Al Rahaman III y finalmente fue destruido en el siglo XV. 
En concreto en 1494 se consideró que lo mejor era su demolición ya que no era necesario para la defensa. Entre estas dos momentos la edificación sufrió varias reformas y ampliaciones que lo han convertido e…

El verano se fue

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En la búsqueda por encontrar sitios donde morir, solamente he encontrado sitios donde vivir. Porque cuando te sientes encerrada en una habitación, con la única ayuda de un botón de salida de seguridad que te niegas a volver a pulsar, justo en ese momento en que desesperas por querer salir, aparecen personas que te ayudan a romper candados, abrir puertas y comprender que no siempre las cosas salen como uno quiere, pero siempre hay una vía de escape.


Y agarrándome a esos pensamientos visito lugares que antes no conocía y que ahora descubro con verdadero placer, agarrada yo a mi cámara y ella sufriendo las consecuencias de mis continuas caídas. 

Aquí al lado, cerca de casa he visitado el Castillo de Loarre en Huesca. Bien sabe quien me regalaba libros sobre castillos, que me encantan y los disfruto, sobre todo si hay un audioguía de por medio que me ayuda a adentrarme en cada lugar, descubrir cada rincón y tocar todas las esquinas pensando: ¿quién habrá estado aquí antes que yo?

La lluvia e…