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Mi mundo de elefantes

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¡Quien pudiera navegar entre las nubes para tenerte más cerca! Qué difícil es arrancar de mis entrañas emociones que me paralizan, qué difícil es olvidar sensaciones, olores, aprendizajes... Pero ¿las quiero olvidar? Mejor sería poder almacenarlo en una caja que solamente se pudiera abrir cuando uno estuviese preparado. Pero hay cosas que no se pueden meter en cajas, hay recuerdos que hay que volver a masticar una y otra vez para no tener la agobiante sensación de que podrías olvidarlos. 
Encontrarse de frente con el miedo al vacío es tortuoso sobre todo cuando la batalla es cotidiana. Y empeñarse en disfrazarse de una guerrera poderosa comienza a ser extenuante cuando ni siquiera se tienen armas para luchar. 
Mi padre me contó que una tradición hinduista dice que los elefantes cogen el agua del inframundo y después la rocían mientras tejen las nubes. Qué historia más bonita para recordar, recordar cada día rodeada de elefantes. Elefantes guerreros y de la buena suerte, que en algún paí…

Alma siamesa

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A veces el cosmos te regala un alma siamesa, una persona que camina pegado a ti sin que puedas verla y que comparte contigo las mismas distorsiones, los mismos miedos, las mismas ansias, la misma pasión. Puede que ese encuentro sea fugaz y como lo sabes, intentas retenerlo como quien lee apresuradamente un capítulo más de un libro que quiere devorar. 
Seguramente fue tan efímero que ni siquiera dio tiempo a que vuestros demonios se entendieran o quizá un encuentro suspendido en el aire no permitió que los ojos hablasen. Una noche alargada con miedo a dormir sabiendo que este no es tiempo para los soñadores. 
Y otra vez pensar en el destino [post antiguo ¿Y si todo estuviera escrito?], otra vez pensar que el fin de todo estaba escrito incluso cuando nace.

Solo te doy un consejo: si alguien está apuntando al cielo, no seas tonto y no mires el dedo. Acepta que esta vida es un ensayo para una obra que jamás se estrenará, puedes equivocarte, se te permite. 

@Ohihane

Mi baile maorí

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En las islas del Pacífico Sur hay un grupo de etnias repartidas por un montón de islas que nadie recuerda que existen. Polinesia, polis nesos, muchas islas. 
Lo que nos contó el capitán Cook (navegante, explorador y cartógrafo británico del siglo XVIII) tras sus viajes al otro lado del mundo fue que las tribus que allí habitaban bailaban con gestos amenazantes antes de la batalla. El Haka. Cuenta la leyenda que este baile maorí tiene su origen en el dios Ra quien tenía dos esposas, "la esencia del verano" y "esencia del invierno". Al yacer con la del verano tuvo un hijo, Tanerore, quien al sacudirse al nacer llenó sus tierras de luz de verano.  A pesar de que hoy me contaras una historia de aeropuerto me gusta más la que cuenta que fueron las mujeres maoríes las que hicieron este ritual por primera vez cuando acudieron en busca de un hombre acusado de matar una ballena y del que solamente sabían que tenía una espantosa dentadura. Con su baile exagerado pretendían que…

Qué difícil dar tantas vueltas

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¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas cuando girábamos una y otra vez? No tenía miedo porque sabía que no me soltarías. Hay veces que no puedo recordarlo y me siento perdida, girando sin control, sola ante una vida que no entiendo, una vida a la que intento dar un portazo, pero no puedo.  Tengo miedo a olvidar todo. Tengo miedo a no recordar cuál era camino a casa.
Por mucho que quiera quedarme agazapada bajos las sábanas, el mundo sigue ahí fuera, esperando a que yo le dé un mordisco. Y seguro que juntas se lo daremos. Valiente descerebrada, siempre arrancas de mí una carcajada traicionera bañada en vino blanco. Porque sé que no habrá reproches por tu parte, porque sé que si me miras me ves a pesar de que el agua me esté cubriendo. Vamos a contar que hemos aprendido a caminar por este mundo aunque gire tan deprisa que queremos precipitarnos. 
Tan amargo ha sido el último trago que ni siquiera sé si tengo fuerza para no abrazarme a la tristeza, pero creo que por una vez voy a intentar ser valiente,…

Sin palabras

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¿Estás bien? ¿Todo bien? ¿Qué tal estás? 
Desde que tenemos uso de razón nos educan para que contestemos a estas palabras con un “estoy bien” “va todo genial” “no te preocupes, hablamos en otro momento” y vamos guardando y guardando lo que verdaderamente sentimos. Nos pasamos la vida atendiendo a recomendaciones de quienes ni siquiera nos comprenden: “tranquila, las cosas siempre pasan por algo”, “hay más peces en el río”, “no llores, no ha sido más que un rasguño”, “no pasa nada, tranquila”. 
A corto plazo creer que tienes fuerza para sobrellevarlo todo, negarte a llorar, hacerte la fuerte... es un mecanismo que nos resulta útil para no dejar brotar lo que llevamos dentro realmente. Seguramente hay un miedo irracional a afrontar unas sensaciones que mientras permanecen debajo de la alfombra nos resultan ajenas. 
Liberarnos de las correas que nos reprimen puede parecernos incluso peligroso, ¿y si me vuelvo loca?  ¿Y si lo estoy ya y aún no lo sé? Da miedo poner nombre a lo que nos atenaz…

Te he visto llorar

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Nunca te había visto llorar, quizá alguna lágrima borrada con la mano si la película lo propiciaba, pero nunca con esa sensación de ahogo que provoca la congoja en la garganta. ¿El motivo? Todos, de hechos nos sobran. 
Te he mirado, aguantando mi llanto, sabiendo que si lo dejaba salir quizá no lo podría volver a encerrar, queriendo recordar cada segundo, queriendo almacenar en mi mente este momento de fragilidad, porque aunque lo niegues, tú también lo sientes, el miedo.

Gino Bartali ha sido tu excusa. Su historia es la culpable de que siempre recuerde 3 minutos de nuestra vida. Este ciclista italiano es considerado el sexto mejor ciclista de todos los tiempos. Cuando el mundo miraba al cielo esperando a que cayera fuego, este ciclista viajaba con su bicicleta por las carreteras italianas entrenándose para ganar por orden del Duce en la vecina Francia. La prensa de la época lo catalogaba como un deportista afín al fascismo pero nada más lejos de la realidad. Católico convencido, ayu…

Adiós con puntos suspensivos

Llevo días sin escribir, llevo días aprendiendo a decir adiós.
Sabes que te has hecho mayor cuando comienzas a despedirte de personas, de proyectos, de recuerdos.... Y no me refiero a esa despedida con esperanza, sino una despedida real, sabiendo que nunca más volverá. Decir adiós es difícil y no siempre lo hacemos  porque preferimos ser infelices en compañía que reconocer la pérdida. 
Decir adiós es poner un punto y aparte, es mirar al futuro sin esperar que te den la mano, saber que puedes volar sola aún a riesgo de caer y que nadie estará para recomponer tus alas rotas. Mirar al final, enfrentarnos al hecho de que, en el momento en que algo nace también comienza a morir.
Ahora prefiero saborear el amargo sufrimiento en la boca que permitir que me sueltes. No conozco otra cosa que el llanto nocturno, que el pataleo y la incomprensión, y no sé si quiero conocerlo. Por eso hoy te digo que el adiós será con puntos suspensivos. Esperaré a que vuelvas, y lo harás con tu mirada azul cant…

Condenados a odiar

Seguramente el hombre esté condenado a ser un lobo para el hombre, lo dice la historia pasada y la historia reciente. Condenados odiar a los que nos dicen que odiemos, ahora nos toca odiar a "los moros". 
Desde nuestro púlpito de la correcta moral nos quejamos de que: “El así llamado estado se ha transformado en el refugio donde estas sabandijas pueden enriquecerse desenfrenadamente”. Esta frase la he escuchado y leído estos días a todas horas, y la verdad es que da miedo pensar que la dijo Adolf Hitler. Qué extraña manía con pensar que somos una raza superior... 
Dijo Miguel de Unamuno que “el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”, y así es, porque no diferenciar un marroquí de un paquistaní de un indio... en estos tiempos parece peligroso. No somos mejores por ser europeos, somo seguramente le vergüenza de la historia, llevamos a nuestras espaldas los mayores horrores contra iguales que uno se pueda imaginar. 
En días como hoy he leído que los Reyes Católico…

Carta a un dios

Dios, Alá, Ngai, Visnú, Yahveh o como te llames. ¿Qué clase de castigo has preparado para mí? Creo que lo estoy empezando a descubrir. 
¡Oh! Dios omnipresente, todomisericordioso, omnipotente y omnisciente, ¿por qué se dice de ti que eres omnibenevolente? 
Si el consuelo se encontrara en la fe, si los rezos mitigaran el dolor, las iglesias estarían llenas, pero cada vez están más vacías, porque la sinrazón de cuanto nos rodea hace que nos preguntemos continuamente ¿este era el plan?. 
Hubo un momento de mi vida en la que pensé que si apretaba los puños, rezaba, imploraba a no sé qué dios que se apiadase de mí, en algún momento todo cambiaría. Rogaba a Dios que aflojara un poco la soga, pero no, la siguió apretando. 
La gente creyente me dice que me está poniendo a prueba, yo me descojono de sus pruebas y ahora solamente pienso ¡te reto! estaré preparada para lo que venga. Y si algún día nos vemos las caras, si es verdad toda esa historia del cielo, de un mundo mejor en no sé dónde, al men…

Amar hasta la eternidad

Miluji tě, Ich liebe dich, I love you, Я люблю тебя, ti amo, nakupenda, te quiero, maite zaitut...
Hay quienes dicen que el amor es eterno, que se mantiene en el tiempo. Mienten. Mor deriva de mortem que significa muerte, por lo que a-mor sería "sin muerte" así que la misma palabra encierra la creencia de que el amor perdura hasta la eternidad. ¡Ja!.
Conocemos muchos tipos de amor y solamente uno es el que hace que se pare el tiempo cuando lo sientes, ese es el amor que se siente por un hijo, un amor que no se mendiga, que está ahí, imperecedero. 
Amor de la raíz indoeuropea -amma que era la voz con la que los niños llamaban a sus madres. Es curioso que en euskera se utilice esta forma para llamar a las madres. La misma palabra pone de manifiesto que el amor solamente tendría entidad cuando se siente entre un padre/madre y un hijo. 
Lanzar esas palabras al viento no es gratuito, porque cuando las gritas sin sentirlas estás castigando a la otra personas a la más cruel de las cond…